¿Qué catalizó la Escuela?
El extractivismo se entiende a menudo como la extracción de recursos de la tierra: petróleo, minerales, madera y más. Pero el extractivismo es más que eso. Es también una historia, sostenida por muchas historias, que nos enseña a ver el Territorio como propiedad, los bosques como inventario, los ríos como infraestructura, y la vida humana y más-que-humana como recursos.
Las historias no solo describen el mundo, también lo dan forma… y el extractivismo como historia produce un mundo donde las relaciones de cuidado, reciprocidad, interdependencia y responsabilidad son desplazadas por narrativas que privilegian el individualismo, la acumulación, la eficiencia y la dominación. Todas ellas organizan cómo gobiernan las instituciones, cómo se expanden las economías y cómo los humanos llegan a entender para qué sirve la tierra, y quién y qué es valioso en ella.
Con el tiempo, la historia del extractivismo ha pasado a tratarse como sentido común, a menudo posicionada como el único e inevitable camino hacia el desarrollo económico. Al hacerlo, ocupa más que territorio. Ocupa nuestra imaginación, nuestras relaciones y las posibilidades de existir de otra manera.
Si los mundos extractivos se sostienen mediante historias, entonces resistirlos requiere no solo oponerse a su infraestructura física, sino también a sus dimensiones narrativas y afectivas. Esto significa cultivar nuevos hábitos de percepción y formas de relacionarnos, sentir, contar, reunirnos y habitar las historias que afirman la vida que ya están aquí o por venir.
Es dentro de esta apertura que emerge La Escuela de las Chullachaquis.
¿Qué es La Escuela de las Chullachaquis?
La Escuela de las Chullachaquis es una propuesta artística y pedagógica dedicada a explorar y re-narrar las narrativas que sostienen los mundos extractivos.
Inspirada en el Chullachaqui, ser amazónico que cambia de forma y, al moverse entre formas, re-narra lo que parece fijo, la escuela aborda el re-narrar como una práctica especulativa de aprender a relacionarse y habitar el Territorio de otra manera. El Chullachaqui nos recuerda que la realidad no está cerrada, y que otras formas de ser pueden ensayarse.
La escuela emergió por primera vez en Iquitos, una ciudad de la Amazonía peruana marcada por largas historias coloniales de extracción. Su iteración inaugural se desarrolló en colaboración con activistas feministas que viven en la ciudad, anclando las metodologías de la escuela en sus luchas y experiencias territoriales.
Aunque arraigada en esas relaciones y en ese lugar, la escuela continúa más allá de su primera iteración como un marco pedagógico en evolución para la indagación colectiva, la experimentación artística y la creación relacional de mundos.
Este sitio web lleva a la escuela más allá del encuentro original. Funciona como herramienta pedagógica y espacio de ensayo: un lugar para que artistas, educadoras, organizadoras y comunidades se involucren con las prácticas de la escuela y las adapten a sus propios contextos de lucha, cuidado e imaginación colectiva.
¿Cómo re-narramos el extractivismo?
En el corazón de la escuela está la práctica del re-narrar.
Re-narrar parte de la comprensión de que las narrativas dominantes no solo explican el mundo, sino que ayudan a organizar qué mundos llegan a ser posibles. Re-narrar es aflojar esas narrativas y ensayar otras formas de sentir, relacionarse y vivir con el Territorio.
A través de metodologías artísticas, encarnadas, afectivas y situadas en el lugar, la escuela crea encuentros en los que las participantes pueden vincularse con el Territorio como una relación recíproca y de cuidado, y no como un telón de fondo o una fuente de recursos.
Por mucho que a menudo lo deseemos, estas prácticas no ofrecen soluciones. Crean espacios para experimentar con lo que ya está aquí y con lo aún por venir: para lidiar con nuestras complicidades, para percibir posibilidades relacionales, practicar alianzas afectivas y cultivar formas de atención y apego que puedan sostener ecologías más amplias de resistencia y re-existencia para el florecimiento de la vida humana y más-que-humana.
¿Qué guía los encuentros de la Escuela?
La Escuela de las Chullachaquis se guía no por planes de lecciones, sino por proposiciones.
Las proposiciones son invitaciones abiertas que dan forma a las condiciones para reunirnos. Sin determinar lo que debe ocurrir, crean estructura dejando espacio para la alegría, la emergencia, la respuesta y la experimentación.
La escuela se guía por cuatro proposiciones centrales:
Reunirse de otra manera
Reunirnos de manera distinta mediante gestos artísticos y pedagógicos que abren espacio para formas relacionales de sentir y estar juntas.
Jugar con ternura
Acercarnos a la magnitud de la violencia extractiva mediante una experimentación especulativa, cuidadosa y gozosa que permita ensayar otros mundos.
Activar lo que necesita ser
Sintonizar con las posibilidades latentes, las urgencias y las capacidades colectivas que ya están presentes en un grupo y en su entorno.
Practicar la negativa de cualquier tipo
Cultivar pequeños y grandes actos de negativa frente a las lógicas extractivas, abriendo espacio a lo que otra cosa pueda llegar a ser.
Juntas, estas proposiciones dan forma a la escuela como un espacio de ensayo: un lugar para practicar el vivir de otra manera en medio de los mundos extractivos.